LA SOLIDARIDAD, EL NUEVO NOMBRE DE HAITÍ DESPUES DEL TERREMOTO DE ENERO 2010

REVISTA VIDA NUEVA, ESPAÑA.

Texto de: JEAN HÉRICK JASMIN, OMI

ETAP-CLAR, Bogotá, Colombia, 15 de diciembre de 2010.

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 Estas líneas tienen un doble objetivo. Primero, sensibilizar a todos nuestros lectores sobre la situación crucial por la cual Haití está pasando en estos días después de un fuerte terremoto. Segundo, insinuar algunos comentarios personales sobre esta situación, gracias a la oportunidad que nos ofrece el equipo de redacción de Vida Nueva.

Desde la tarde del martes 12 de enero, un pequeño país del Caribe, la república de Haití, con una superficie de 27.750 km2, y con una población de 9 millones de habitantes, retiene la atención de toda la Comunidad Internacional. De hecho, a las 4:53 p.m. un fuerte terremoto de 7.3 en la escala de Richter sacudió a todo Puerto Príncipe la capital de Haití que está prácticamente en escombros.

Como Haitiano en misión en Colombia, supe la noticia de la tragedia del terremoto a las 6:30 p.m., después de oficiar una misa en la capilla del Prenoviciado de los Misioneros Oblatos en Niza, Bogotá. Fue una vecina quien me llamó para decirme lo sucedido. Fui de inmediato a escuchar las noticias y visionar las primeras imágenes desastrosas que los reporteros de CNN en español y los internautas lograron captar. De repente grité,  ¡Mi familia! ¡Mi hermana! ¡Mis tíos! todos viven allá en la capital haitiana. Corrí a comprar en el supermercado cercano una tarjeta para llamarlos. Se puede imaginar mi angustia como también la de muchos compatriotas ante la imposibilidad de comunicarnos con nuestras familias. Se me agotan más de 40.000 pesos/col (US $ 20) de tarjeta telefónica, en vano. Esta angustia dura más de dos días antes de recibir a través de mi sobrina la noticia de que mi familia cercana está a salvo, pero en la calle y con heridas como todas las victimas de esta tragedia. Uff! Uff!, fue el suspiro de alivio en medio de esta angustia de ver destruidas todas las estructuras políticas, económicas y religiosas de mi tierra natal, Haití, en ruinas.

¿Cómo está la situación de Haití ahora?

 

Las últimas noticias que nos llegan vía e-mail relata la triste situación de un pueblo desolado que corría en todas partes sin rumbo y socorro, tratando de salvar a quien se pueda y contando sus muertos. Un país nublado de polvo como si se hubiera arrojado allí una bomba atómica. Miles de lastimados en las calles, los parques y debajo de  los escombros pidiendo ayuda en todos los idiomas posibles. Muchos observan que el actual gobierno es incapaz de mantener el liderazgo, y facilitar la distribución de las ayudas de los países amigos de Haití. De hecho, los haitianos por ahora están durmiendo con sus muertos, intentando de rescatar los heridos y apilando sus muertos. A Dios gracias, los innumerables países-amigos  y las Naciones Unidas, se movilizan rápidamente para ayudar a los haitianos en esta situación lamentable que destroza Haití. Así pues, tres categorías traducen la crisis humanitaria de Haití en la presente década: la catástrofe, la desolación y la consternación.

La Vida Religiosa de Haití y de América Latina ha sufrido mucho en cuanto a pérdidas en vida humana y materiales. La Conferencia Haitiana de Religiosos y los Misioneros Oblatos de Haití, reportan la muerte de la doctora Zilda Arns Neumann, una brasilera, coordinadora internacional de la Pastoral de la niñez. Ella era hermana del Cardenal Paulo Evaristo Arns, Arzobispo emérito de Sao Paulo; médica pediatra y sanitaria,  y fundadora de la Pastoral de la Niñez. Dra Zilma acompañaba la delegación caribeña de los religiosos que estuvo en plena reunión en este momento; y  la muerte  de cerca de 20 seminaristas de diversas Comunidades religiosas (Oblatos, Comunidad Espíritu Santo, Monfortianos, incluso estudiantes de Cazeau y de Turgeau). Varios sacerdotes-religiosos y religiosas se encuentran hasta ahora desaparecidos. La mayoría de las Comunidades religiosas masculinas y femeninas están en la calle sin techo ni un lugar donde reclinar sus cabezas. A la pregunta ¿Dónde vas a pasar la noche?, la respuesta automática es “yo no sé”.

Las replicas del terremoto siguen hasta la noche y la inseguridad de toda clase aumenta. No hay agua ni electricidad en medio del caos. Los  seminarios, escolasticados, conventos y colegios son totalmente destrozados. Del lado de la iglesia diocesana, lamentamos la muerte de Nuestro arzobispo de feliz memoria Monseñor Joseph Serge-Miot y su Vicario general. También lamentamos la muerte de 8 seminaristas en filosofía, el profesor no-identificado y los 3 seminaristas en teología en el seminario Mayor de Haití. Soportamos también las pérdidas en medio de la iglesia anglicana y “la sociedad evangélica”. En general, la Vida Religiosa haitiana y toda la iglesia en Haití se queden consternadas e impotentes ante esta grave situación.

Nosotros Haitianos, que estamos viviendo al exterior del País, a pesar de nuestra buena voluntad de hacer algo por una puesta en común de nuestras limitadas posibilidades materiales, estamos viviendo una angustia más grande, lo de no saber con verdad y exactitud la situación de nuestros familiares y amigos. No hay comunicación telefónica, pues no hay noticias  precisas que permiten afrontar esta realidad. Así pues la única solución es esperar y esperar.

Creo que este panorama personal que acabo de pintar brevemente, traduce la situación de muchos colegas haitianos en varios países. ¿Que significa este acontecimiento desastroso en Haití para mí como Haitiano?

El terremoto en Haití, una invitación a la prevención eficaz

La destrucción de Puerto Príncipe por el terremoto del 12 de enero pasado, ha puesto a la vista la precariedad de una nación construida solamente sobre el orgullo histórico, sobre las epopeyas pasadas y que no tuvo la sabiduría de construir su casa sobre la roca de la organización, la disciplina, la visión del futuro, de la prevención eficaz y del desarrollo humano total de todos los haitianos. En su enseñanza a propósito de la prudencia, el Evangelio de Mateo nos ha contado la anécdota del hombre que ha construido su casa sobre la arena y las consecuencias que él pagó por su imprudencia y su incapacidad de escuchar (Cf. Mt 7, 24-27). Después de doscientos seis (206) años de independencia, el gobierno de Haití y los haitianos deben aprender a escuchar a Dios y a la comunidad internacional en materia de prevención y convivencia con la madre-naturaleza. Nuestros gobiernos son siempre irresponsables y  de una creatividad extremadamente incomprensible. La misma noche del terremoto en Haití, escuché en una entrevista de CNN en español, que el terremoto fue previsto por los sismólogos muchos años antes, y que los gobiernos de Haití nunca tomaron en consideración esta previsión ni fomentaron una campaña de prevención nacional. Hoy día, la incapacidad de Haití para aliviar los sufrimientos del pueblo angustiado por el sismo consiste en la inexistencia de estructuras  e infraestructuras viables en el país así como de una buena campaña de prevención.

 El terremoto, una nueva oportunidad para una Haití nueva

Desde hace más de seis años que estoy viviendo fuera de mi país, como felizmente adoptado por Colombia, observo que en las reuniones y charlas entre amigos, a pesar de la poca distancia que separa la isla del resto de América Latina, pocos saben que Haití existe, donde está, cómo está. Otros para ubicarlo acuden a los buscadores de internet donde desafortunadamente las informaciones no son siempre buenas ni para alentar a visitar nuestra preciosa Haití. Muchos turistas conocen a Santo-Domingo RD, pero ignoran que unos kilómetros más allá de sus pies está la República de Haití. Muchos cruceros del Caribe se aproximan a las bellas playas de Labadee  pero desconocen que están al norte de Haití. ¡Qué lástima!

Un día, alguien me dice: “la crisis siempre ofrece una oportunidad”. Creo que la frase dice la verdad. El desastre del terremoto en Haití, de un lado es doloroso, de otro ha permitido a las naciones redescubrir que aquí bajo de sus ojos hay una nación empobrecida por la colonización, las violencias políticas y el olvido, que hoy más que nunca, necesita de la ayuda de todos para salir de su laberinto de crisis humanitaria.  Es la primera nación negra independiente y la segunda del hemisferio después de los EE.UU. Gracias a la prensa internacional, las revistas y boletines institucionales que dedican páginas el desastre humanitario en Haití, las personas de buena voluntad en todo el mundo están motivadas sobre la ayuda a Haití en este momento crucial que la población está viviendo.

El terremoto en Haití incentiva un mundo más humano, solidario y generoso

Como haitiano me quedo sorprendido y entusiasmado interiormente ante la pronta respuesta de solidaridad de las naciones vecinas, de la comunidad internacional y del mundo en general. Muy poco tiempo después del terremoto, la China y los países de Asía, Inglaterra y toda Europa, República Dominicana, Colombia y toda América Latina, La CLAR, La CRC y toda la Vida Religiosa, se levantan unánimes para apoyar todas las acciones en favor de la vida en Haití. Esta situación en Haití por terrible que sea, nos permite descubrir que el mundo día tras día se vuelve más humano, más fraterno y más solidario. La propuesta de construir un nuevo mundo más solidario e interconectado es no sólo posible sino está en marcha. Para ello, pidámosle al Dios de la Vida, del amor y de la solidaridad entre los pueblos de derramar bendiciones sobre Haití y todas las naciones en general, para que sigamos creciendo en humanidad, respeto a la vida y el desarrollo espiritual. En fin, solicito el apoyo material y las oraciones de todos para Haití en este momento difícil que se está viviendo. Agradezco también a todos los que de una manera u otra han contribuido a salvar una vida en Haití después de este trágico terremoto.

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